Since appearing on Australian Idol in 2003, drag queen Courtney Act has gone on to become an international star, appearing on RuPaul’s Drag Race in America, winning Celebrity Big Brother in the UK and coming second on Dancing with the Stars last year in Australia.
But for much of Courtney's career there was a struggle going on between the glamorous drag queen and the man behind the make-up, Shane Jenek.
The turning point came in 2014, when he was introduced to the concept of gender fluidity.
Since then, Shane and Courtney have used reality TV, social media and performance to preach a message of acceptance and tolerance.
In an intimate portrait, Jenek talks candidly — as both Shane and Courtney — about his career and identity issues.
Hay hombres que se visten de mujeres. Muchos de ellos, a escondidas. Estrella (Alberto, es su nombre masculino), tuvo la tentación de vestirse de mujer desde que tenía 4 años. Sin embargo, el miedo al qué dirán o pensarán los demás y su lucha interior no le dejaron reconocerlo abiertamente hasta los 46 años, hace exactamente cuatro.
Como Estrella hay cientos de casos en España. Mostraremos la realidad de los crossdressers desde la perspectiva de las ciudades más grandes de España: Madrid y Barcelona. Quedaremos con Paula y Sofía, en la sede del colectivo Enfemme, una asociación sin ánimo de lucro que ayuda a hombres que están sufriendo está situación a entender qué es lo que les ocurre y hacerles ver que hay más casos como el suyo. Allí decenas de hombres guardan bajo llave en su armario sus vestidos femeninos más secretos. Veremos como se visten y de un momento a otro se convierten en las mujeres más femeninas.
En Madrid, de la mano de Dafni Girl, maquilladora especializada en caracterizar a crossdressers, conoceremos a Estrella quien nos enseñará el mundillo crossdressers de la capital.
Vídeo emitido originalmente en #DIARIOVICE ,una producción de Movistar+ en colaboración con VICE.
Diana Caballero es una persona travesti heterosexual de 65 años. Desde hace un tiempo decidió hacerse visible para intercambiar experiencias con personas que comparten su identidad. Diana Caballero decidió hablar públicamente de su identidad travesti cuando se dio cuenta que no era una enfermedad ni un delito.
Diana Caballero es también Jorge Lalinde. Vive en Medellín. Tiene 65 años y 35 de ellos los ha vivido abiertamente como una persona travesti. Su forma de vivir y expresar sus géneros le ha permitido comprender otras dimensiones de la individualidad, el desarrollo de su personalidad y la complejidad de las relaciones familiares, sentimentales y de amistad.
¿Cuáles cree que son los aspectos fundamentales que definen a una persona travesti?
Travesti es la persona que utiliza la ropa del sexo opuesto. El travestismo es muy amplio y hay una parte donde se confunde con el transegenerismo. Los travestis heterosexuales, que es la fracción a la cual yo pertenezco, es totalmente invisible. Los psicólogos no los tienen en cuenta para nada. Cuando uno pide una asesoría, salen aventurando ideas pero no se acercan a la realidad de quienes somos.
En alguna parte de su página de Facebook habla de que es un travesti heterosexual, pero en otro lado dice que es lesbiana ¿cómo explica esto?
Cuando uno se hace la evaluación psicológica, lo primero que le dicen es que uno es más mujer que hombre. Por lo menos en el caso mío. Esta evaluación se dio después de cuatro o cinco citas y un par de tests. Y el resultado dijo también que, como yo era más mujer que hombre, y me gustaban las mujeres, entonces era lesbiana. Esa es la condición general. Como mujeres somos lesbianas, porque nos gustan las mujeres. Como hombres somos heterosexuales, porque igualmente nos gustan las mujeres.
¿En qué momento decidió asumir su identidad como travesti y por qué tomó estas evaluaciones psicológicas?
Desde que tengo memoria supe que era travesti y sentía que era malo. Desde pequeño uno oye comentarios que no son buenos y lo único que conoce es lo que se ve en la calle. Por otra parte, siendo niño, mi papá me descubrió usando un vestido de mi mamá. Eso fue terrible y me amenazó con echarme de la casa.
Uno crece lleno de confusiones. Y sólo hasta los 30 años vine a tener mi primera entrevista psicológica y para esa época no se sabía qué era lo que pasaba; simplemente que era una condición psicológica. Me decían: “Usted no es una persona normal y tiene dos opciones: o vive con eso o va donde los terapistas heterodoxos y allá ‘lo curan'”. Y, por supuesto, esto no tiene cura porque no es una enfermedad.
Yo decidí salir del clóset inmediatamente supe que esto no era una enfermedad mental, que era una persona normal, como si fuera zurdo, que no estaba haciendo ningún mal y que además estaba protegido por la Constitución, por medio del libre desarrollo de la personalidad. Me parecía incorrecto andar con ese secreto que toda la vida cargué y que tanto daño me hizo. Entonces tomé la decisión y pensé: “Sí: soy travesti. Los que me quieren como travesti, muy bien. Los que no, adiós”.
Además, sufrí tanto por mi condición, que haber salido del clóset me sirve ahora para la causa que estoy emprendiendo, que es retomar las banderas de Virginia Charles Prince, una de las travestis heterosexuales más famosas y quien más hizo por este sector. Parece increíble que para la psicología hispana no existimos y nos dicen que somos homosexuales secundarios, o fetichistas… y que los hay los hay, como hay policías mafiosos o curas pedófilos, pero están lejos de la verdad.
¿Cómo ha sido este proceso para enseñarles a las personas que ser travesti no necesariamente tiene que estar asociado con la prostitución?
Esa es una parte muy difícil. La parte de la educación. Generalmente lo que más se ve en el travestismo es la prostitución y especialmente en estratos bajos. Las personas de estratos altos no tienen problema en esconderlo. La cuestión ahí es la información. Poderle decir a la gente que existen diferentes orientaciones sexuales e identidades de género en el mundo.
Yo comencé el travestismo “socialmente” cuando vivía en Estados Unidos, donde tuve mi primera entrevista psicológica. Allá comencé a conectarme con personas y a tener un círculo de amistades. Nos travestíamos y nos reuníamos con fines sociales, a jugar cartas, a tomar el té. Los travestis heterosexuales como yo no nos travestimos con la intención de llamar la atención hacia el sexo opuesto o hacia nuestro propio sexo. Es un homenaje a la mujer. Admiramos mucho a la mujer y esto nos hace querer emularla en todos los aspectos. La parte más difícil y que ni siquiera intentamos imitar es la voz, porque nuestra garganta no está diseñada para eso.
Diana Caballero se reúne con amigas travestis para disfrutar de la expresión de su identidad de género.
Cuando una persona travesti vive su identidad como mujer travesti y como hombre, según su sexo biológico, ¿esto genera más rechazo entre las personas?
Todo lo diferente genera rechazo. Esa es la causa de la homofobia y de la endofobia, pues, aunque parezca increíble, dentro de los mismos travestis, aquellos que son homosexuales nos detestan a los heterosexuales. Incluso en algunas discotecas donde es permitida la entrada de travestis, a nosotras no nos dejan entrar.
¿Y por qué pasa eso?
No hay explicación lógica. Porque hay envidias. De hecho, yo hace un tiempo fui víctima de robo de una travesti muy famosa de Medellín. Ella fue reina travesti de Antioquia y con el novio montaron una casa de transformismo y yo fui su primera víctima. Les pagué la mensualidad y dejé con ellos mis cosas y al cabo de quince días las necesité y cuando fui por ellas estaba todo destrozado. No sé por qué pasó. Yo no les hice ningún daño. Creo que todo es cuestión de envidias.
Entre las personas que conoce, con quienes se encuentra, ¿qué tan avanzada está la aceptación por parte de sus parejas?
Es difícil. Diría que mitad y mitad. Las personas mayores, cercanas a mi edad, han logrado tener aceptación y complicidad por parte de su pareja. Pero tengo el caso de una amiga que tiene 50 años, la esposa 40 y están recién casados. Ambos vienen de matrimonios anteriores. Recientemente le contó a su esposa la situación. Ella en principio lo aceptó, aunque todavía no lo digiere.
Con otras amigas con quienes me escribo están en fases similares. Algunas esposas los aceptan de entrada, especialmente cuando han leído el libro de Virginia Charles Prince. Las esposas encuentran ahí testimonios de otras personas que han pasado por la misma situación y ahí es cuando entienden que esto no le hace daño a nadie, que no tienen que competir con sus parejas y por lo tanto encuentran una amiga y lo aceptan. Otras personas que tienen una educación más religiosa les cuesta mucho trabajo.
En su página de Facebook escribió que “el mayor logro del travesti heterosexual es lograr salir en público sin ser detectado, o por lo menos sin causar señalamiento”. ¿Las personas travestis asumen su identidad todo el día o lo hacen solo en algunos momentos?
Ese es otro punto de diferenciación. Nosotras travestis heterosexuales normalmente nos travestimos por un rato, y ese rato dura lo que demora en salir la barba por entre el maquillaje. Generalmente tarda entre 4 y 8 horas y después de este tiempo hay que repetir todo el proceso.
El travesti homosexual generalmente hace algunos procedimientos para quitarse el vello facial de manera definitiva. El heterosexual no tiene ningún interés en “modificar” su cuerpo. Nosotros estamos felices en nuestro cuerpo, no lo modificamos. Máximo llegamos a una depilación de brazos y piernas. Pero no de transformarlo. Nosotras entonces nos travestimos no como una segunda personalidad sino como la expresión de nuestra verdadera personalidad, que es más femenina que masculina.
Dentro de las personas que conoce, ¿hay alguien que haya pasado de ser travesti a querer hacer el tránsito definitivo hacia el otro género?
En algunas personas sí ha pasado eso. Muchas veces por falta de educación y por falta de formación se presenta una confusión muy grande entre todo lo que le está pasando a uno: yo, por ejemplo, me debatía, hasta casi los 30 años, entre la homosexualidad y la heterosexualidad.
Tengo una amiga que dice que quiere empezar a tomar hormonas para empezar un tránsito hacia el género femenino. Sin embargo, cuando hablamos con ella, vemos que ella se siente a gusto con su cuerpo de hombre y le gusta ser hombre. Este tipo de confusiones son muy comunes. Nosotras somos personas que estamos muy solas. Difícilmente tenemos el apoyo de nuestras parejas y familiares. Y cuando lo tenemos, no significa necesariamente que vamos a entender lo que nos pasa o a aceptarlo.
¿El travestismo heterosexual es más común de lo que se cree?
Sí, definitivamente. Los estudios que hay sobre esto se difunden poco, hasta desaparecen. El hombre heterosexual tiene miedo de decir que es travesti, porque siente que lo van a etiquetar como “marica” y esto dificulta mucho que una persona con una relación estable pueda ser honesto sobre querer expresar ese sentimiento.
¿El travestismo heterosexual cabría dentro de la definición de las identidades queer, que abogan más por una eliminación de las etiquetas, por un constante tránsito entre los géneros?
Desafortunadamente la teoría queer todavía es una teoría. Sí tiene adeptos -yo soy uno de ellos-. Sería muy bueno que no existieran las etiquetas. Simplemente somos seres humanos más allá de las etiquetas.
Entonces, si es una adepta de la teoría queer, ¿por qué insiste en definirse como travesti heterosexual?
En este momento lo que rige es la clasificación de las personas. Por eso creo que la teoría queer todavía está en el plano de la teoría. Los seres humanos siempre estamos etiquetando como si viviéramos dentro de frascos.
Diana considera que encontrar apoyo en la pareja y en la familia es importante, pues fortalece la sinceridad y la complicidad.
¿Actualmente cuenta con el apoyo de su familia y círculo de amigos?
Para mí fue un descanso haber podido decirle al mundo que yo lucho por esto y encontrar que, a pesar de las advertencias de que si lo aceptaba públicamente me iba a quedar solo, mi vida siguió. No me pasó nada malo. Algunas personas sí me miran de reojo, pero no he sentido tanta soledad. De hecho, algunas de las personas a mi alrededor tienen curiosidad de ver qué pasa “al otro lado” de su espejo.
¿Y su familia?
Mi familia es pequeña. Son mi hermano y mi hijo. Mi hermano lo sabe hace mucho tiempo. Para mi hijo sí fue una novedad reciente, pero lo tomó como: “bueno, el viejo es así, qué le vamos a hacer”. Los amigos siguen siendo amigos. No hubo muchos cambios con ellos. Sí me da algo de tristeza que no se atreven a tocar el tema. Les da miedo, como si se fueran a impregnar.
¿En este momento tiene una pareja?
No tengo pareja. Tuve tres matrimonios y otras tres relaciones duraderas a lo largo de mi vida. Y esto fue algo que me confundió también durante mucho tiempo. No fui capaz de contárselo a mi primera esposa, aunque esa no fue la causa del rompimiento, pero fue un infierno mantener el secreto, buscar la oportunidad de travestirme.
En las siguientes relaciones siempre lo dije oportunamente: “Mira ‘fulanita’, veo que nos gustamos y realmente siento que te quiero, y tengo que contarte algo para que decidas si seguimos adelante o es el momento de terminar sin hacernos daño”. Después de las explicaciones y aclarar repetidamente la pregunta incesante “¿seguro, seguro que no eres gay?” Siempre me dijeron: “pues no veo que me haga daño, podemos intentarlo”. Nuevamente los rompimientos fueron por causas distintas, pero era otra historia, incluso me aseguraban que era mejor hacer el amor con Diana que con Jorge.
No es cosa nueva que las corporaciones participen en la marcha de orgullo LGBTQ. Como patrocinadoras y hasta organizadoras, las corporaciones han jugado un papel importante; incluso, en marchas de los ochenta y (en mayor medida) de los noventa, se puede apreciar su lugar y apoyo. Así lo atestiguan las colecciones fotográficas de Alan Light, por ejemplo.
Para muchos miembros y aliados de la comunidad, ver los anuncios de Nike, Google o Banamex (además de un largo etcétera) significa la llegada al mainstream, la aceptación por parte de un sector mayoritario de la población, la celebración del fallo de nuestra Suprema Corte a favor del matrimonio igualitario. Si las corporaciones determinan que su apoyo a la marcha es una buena estrategia de marketing, algo debe estar bien.
Entonces, ¿por qué hay tanta resistencia, por parte de la comunidad, en contra de las corporaciones?
Primero, porque la marcha no tiene lugares infinitos. Hay un número limitado de grupos y organizaciones que pueden traer carros alegóricos y pancartas porque, de otra forma, la marcha duraría todo el fin de semana. Como las corporaciones tienen la capacidad de acceder a una gran cantidad de espacios, terminan por desplazar a grupos de activistas y organizaciones sin fines de lucro que no pueden tener un pastel de boda de tres pisos sobre un carro alegórico, como sí lo puede hacer Hilton.
Foto: Hilton.com
De hecho, en 2015, el #Pride de Chicago publicó una gráfica de las organizaciones participantes. Más del 60% fueron corporaciones; cuando menos otro 20% fueron políticos y organizaciones gubernamentales. Es decir, menos del 20% de participantes fueron grupos de y para la comunidad LGBTQ. Esto nos obliga a preguntar para qué y para quién es la marcha. Algunos, como Danielle Kurtzleben, arguyen que las corporaciones usan las marchas para ganar dinero sin preocuparse por conocer los problemas reales de la comunidad, o usar su poder político y económico para crear cambios.
En algunos casos extremos, hay corporaciones que han comprado el derecho de poner su nombre a la marcha, como en el caso de EQT en Pittsburg, Pensilvania. Cabe mencionar que EQT es una compañía de fracking, algo que para muchos miembros de la comunidad LGBTQ es incompatible con sus valores. Sin embargo, si uno quiere participar en la marcha, tiene que aceptar que se llame la “EQT Equality March”. Así, la corporación desplaza a la comunidad para ponerse en el centro de atención.
Segundo, porque restan visibilidad a asuntos importantes. La marcha es un momento para celebrar logros, pero también para discutir dónde estamos y cuáles son nuestras limitaciones. Es momento de atender y combatir nuestro racismo, clasismo, misoginia y transfobia; de hablar de la violencia en nuestro país, de recordar la noticia de la masacre en Orlando, el ataque en Xalapa, la noticia de los campos en Chechenia. Las oportunidades que tenemos para entablar diálogos y ser críticos de nuestras prácticas son limitadas. Cuando las corporaciones y sus mensajes tienen la mayor parte de nuestra atención, estos temas quedan rezagados.
Tercero, porque estar en el mainstream muchas veces significa tener que conformarse a un modelo heteronormativo de relación y familia (el modelo que las corporaciones normalmente apoyan). La marcha empezó como protesta, para ganar la libertad de desear, amar, ser y vivir como uno quiere y de forma auténtica. Si hay un solo modelo de pareja queer respetable, una sola forma de ser familia, monógama, de clase media, entonces ignoramos a gran parte de la comunidad, que vive su sexualidad e identidad de distintas formas, que también son válidas y merecen respeto y protección. La marcha debe permanecer un lugar para lo irreverente, lo disruptivo, lo raro; un lugar para la libertad.
El apoyo de las corporaciones es bienvenido y agradecido. Es síntoma de una actitud social positiva y alentadora, pero no a costa de los objetivos primordiales de la marcha, de perder espacios que deben ser primero para la comunidad o de ignorar los temas y problemas que merecen nuestra atención.
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Ricardo Quintana Vallejoes crítico cultural y traductor. Estudia el doctorado en literatura comparada de la Universidad de Purdue.
Sobre Alocado y dislocado: Nuestras identidades (condición socioeconómica, género, sexualidad, nacionalidad, raza), tanto individuales como colectivas, están en constante cambio. Los mexicanos somos versátiles; replanteamos el valor de nuestra historia, cultura y literatura constantemente. Nuestras identidades nos dan mucho de qué hablar. En Alocado y Dislocado se ofrece el análisis de temas actuales y de nuestros símbolos, de nuestras posibilidades identitarias en este momento, desde la dis-locada perspectiva de un mexicano queer en el Midwest estadounidense.
En breve, hablé sobre tres razones por las que sectores de la comunidad LGBTQ resisten la participación de corporativos y empresas en la marcha: 1) Porque en ocasiones desplazan a grupos de activistas y organizaciones sin fines de lucro que no tienen los medios para garantizar su espacio, construir carros alegóricos llamativos o ponerle su nombre a las marchas, como en el caso de la EQT en Pensilvania; 2) Porque distraen de temas importantes; 3) porque en muchas ocasiones apoyan un modelo queer heteronormativo que no empata con la forma en que viven muchos miembros de la comunidad. La marcha es, primordialmente, un espacio para defender y celebrar la libertad de vivir y ser de muchas formas; algunas que no encajan con el matrimonio o con el binario de género pero que merecen espacio y visibilidad en la marcha.
Resulta ahora importante introducir algunos matices, porque sería una necedad argüir que los corporativos y empresas que marchan no hacen nada por la comunidad LGBTQ, que no los necesitamos o que sólo se aprovechan del llamado “pink dollar” (o dinero rosa, que se refiere al poder adquisitivo).
En realidad, muchas empresas donan recursos a organizaciones, causas y eventos que no se llevarían a cabo sin su ayuda. Por ejemplo, todos los años empresas como Trojan o Sico donan cientos de miles de condones. Empresas como Apple, American Airlines, Intel o Target son “platinum partners” de la Human Rights Campaign. Cuando Mike Pence (ahora Vicepresidente de Estados Unidos) firmó la Ley de Restauración de la Libertad Religiosa en el estado de Indiana, empresas como Yelp y Angie’s List presionaron al estado para cambiar la decisión a través de un boicot. Yo lo he vivido en carne propia cuando organicé HOTCon, una conferencia LGBTQ en Indiana, que recibió el apoyo invaluable de Charles Schwab. De eventos enormes a modestas conferencias académicas, la comunidad LGBTQ necesita y se nutre del apoyo corporativo, de sus recursos y patrocinio, así como de la visibilidad e impacto que pueden tener en los medios.
Asimismo, Google, American Express y AT&T, entre otras, tienen programas serios de inclusión y diversidad que van más allá del anuncio o el logotipo con la bandera arcoíris. Hay empresas que han hecho un esfuerzo de tal magnitud que ya no se pueden considerar “el otro”. Es decir, no se puede hablar de la empresa como un grupo ajeno que decide dar su apoyo; sino que están conformadas por miembros de la comunidad.
La Federación Mexicana de Empresarios LGBT hace eventos anuales y conferencias en los que participan muchas de las empresas ya mencionadas, así como socios corporativos de origen mexicano.
Muchas de las empresas que marchan hacen esfuerzos en su vida diaria y se suman a la marcha para celebrar y dar visibilidad a lo que hacen todo el año.
Y, si las empresas hacen tanto por la comunidad, ¿es justo criticar su participación en la marcha?
Para muchos miembros de la comunidad, el apoyo corporativo significa la llegada al mainstream y la aceptación por parte de un sector mayoritario de la población. Resulta alentador que sea buena estrategia de marketing poner arcoíris en los aparadores. Pero los tres problemas que señalé en el primer texto persisten y no podemos dejar pasar la oportunidad de analizar y debatir qué ha significado la marcha en el pasado y cómo queremos que sea ahora y en años por venir.
Aunque desde hace décadas ha recibido apoyo corporativo, es un hecho que en los últimos años la participación de empresas ha crecido a tal punto que ocupan la mayor parte de los espacios disponibles en muchas marchas alrededor del mundo, que, por más que duren toda la tarde, no son infinitas.
Pero la marcha es por y para la comunidad y, por lo tanto, es justo criticar su conformación y defender sus improperios. El punto de la marcha es luchar por la libertad de vivir de forma auténtica, con protección formal y respeto. Sin duda, muchas empresas contribuyen a este objetivo durante la marcha y todo el año, pero las razones por las que muchos sectores de la comunidad sienten resistencia también son válidas. El encuentro de distintas opiniones y puntos de vista seguirá transformando a la marcha que, por naturaleza, no puede permanecer estática.
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Ricardo Quintana Vallejoes crítico cultural y traductor. Estudia el doctorado en literatura comparada de la Universidad de Purdue.
Sobre Alocado y dislocado: Nuestras identidades (condición socioeconómica, género, sexualidad, nacionalidad, raza), tanto individuales como colectivas, están en constante cambio. Los mexicanos somos versátiles; replanteamos el valor de nuestra historia, cultura y literatura constantemente. Nuestras identidades nos dan mucho de qué hablar. En Alocado y Dislocado se ofrece el análisis de temas actuales y de nuestros símbolos, de nuestras posibilidades identitarias en este momento, desde la dis-locada perspectiva de un mexicano queer en el Midwest estadounidense.
Entre los años 30 y 70 del siglo pasado ser homosexual era un delito en México y muchos fueron encarcelados, perseguidos y golpeados. Hace cuarenta años, también por política, se perseguía a los gais en Estados Unidos. En España, durante la dictadura franquista, ser homosexual implicaba mantenerse escondido bajo un matrimonio “tradicional”, el exilio o correr el riesgo de morir siendo fiel a uno mismo. Tal fue el caso de Federico García Lorca, quien fue detenido y fusilado por la Guardia Civil, acusado de ser espía de los rusos, estar en contacto con ellos, haber sido secretario de Fernando de los Ríos y ser homosexual.
Hoy la situación es distinta, muchas veces mejor, por suerte. En la mayor parte de México, España y el mundo ya no no son perseguidos los homosexuales (al menos no por el gobierno), el matrimonio entre personas del mismo sexo es posible y es legal la adopción. En primera instancia, esto podría significar un cambio sustentable en el reconocimiento de derechos de la comunidad LGBTTTIQ+, pero la lucha no está ganada y siguen sobrando los motivos para salir a la calle a manifestarse por el respeto de los derechos de todos. Si les queda alguna duda de esto, pueden leer lo que significa ser gay en Rusia y Medio Oriente o, sin ir tan lejos, recordar al estudiante que fue asesinado por su compañero por ser gay, o las nefastas afirmaciones del Bronco con respecto al matrimonio igualitario.
Hoy, 24 de junio, se llevó a cabo la marcha número 39 del Orgullo LGBTTTIQA+ en la Ciudad de México, y los miles de asistentes realizaron un recorrido que, como año con año, comenzó en el Ángel de la Independencia y culminó en el Zócalo. “¡Esta marcha sí es de fiesta y es de lucha y de protesta!“se lee y se escucha en las calles.
Y porque “Exhibirse es un acto de rebeldía. El cuerpo natural es protesta.” (Oswaldo Calderón) acá les compartimos algunos retratos de la comunidad, la cual a pesar de sus iniciales (LGBTTTIA), es imposible colocar en una sola categoría. Estas son solo algunas imágenes de la enorme diversidad que sale a las calles a exigir a manera de festejo, gritando, bailando por el respeto a sus derechos, por el respeto de todos.
Empleados franceses trabajan con falda porque les prohíben hacerlo en pantalón corto
@CfdtSemitan
Trabajadores de CFDT Sémitan con faldas en protesta por no poder llevar pantalón corto.
EL PERIÓDICO / BARCELONA
Jueves, 22 de junio del 2017 - 13:55 CEST
Un grupo de hombres esperan, como cada mañana, en una estación francesa para coger el tranvía. La escena no tendría nada de especial si en vez de en la localidad francesa de Nantes ocurriera en un pueblo de Escocia, porque los varones van ataviados con faldas. Son un grupo de trabajadores de la empresa de transportes Semitan que protestan mediante este método porque la compañía no les permite trabajar vestidos con pantalón corto o bermudas.
"La falda forma parte de la vestimenta reglamentaria de nuestras colegas mujeres y nosotros no queremos ser diferentes", explica Gabriel Magner, representante de los trabajadores de esta empresa de autobuses y tranvías, en declaraciones al diario 'Le Parisien'. La ola de calor tampoco da cuartel en esta localidad del noroeste de Francia. Y menos dentro de los autobuses y tranvías, donde los conductores denuncian que las temperaturas pueden llegar a alcanzar 50 grados.
La reivindicación de estos trabajadores comienza en el 2013, cuando ya pidieron formalmente a la empresa poder llevar pantalón corto o bermudas a partir de ciertas temperaturas. "Pero Semitan parece querer conservar una imagen de marca", explica Magner. De momento, la dirección aún no ha respondido a sus reivindicaciones, aunque los trabajadores, que siguen con la protesta, lo llevan con humor.
Los alumnos de la Academia ISCA en Inglaterra consideran que es injusto que las profesoras sí puedan acudir a la escuela usando prendas cómodas para el clima y ellos lo tengan prohibido.
Redacción AN
Junio 22, 2017 12:11 pm
Alumnos de la Academia ISCA en Exeter, Inglaterra, decidieron llegar al colegio vistiendo faldas, luego de que la institución les prohibiera usar pantalones cortos, ante el incremento en la temperatura que se registró esta semana.Cerca de 50 chicos ya habían expresado su malestar a las autoridades escolares, al ser obligados a usar gruesos pantalones, ignorando las molestias que eso les causaba; incluso algunos padres de familia se habían comunicado a la escuela para solicitar permiso para llevar short como parte del uniforme.
Sin embargo, la Academia ISCA se rehusó a permitir que los chicos fueran más cómodos a clases, contrario a las niñas que cuentan con faldas como parte del uniforme reglamentario.
En entrevista para The Independent, un papá de uno de los chicos que fueron en falda hoy al colegio, dijo que “un profesor les dijo que podían usar falda si querían pero short no”.
Pese a que fue en tono sarcástico, los chicos decidieron hacer caso al comentario.
Los alumnos varones de la Academia ISCA consideran que es injusto que las profesoras sí puedan acudir a la escuela usando prendas ligeras y cómodas para el clima, incluso algunas van en sandalias, mientras que ellos sufren con el clima.
Otra mamá dijo que al comunicarse a la escuela para pedir permiso que su hijo fuera en pantalón corto, los directivos le dijeron que de llegar así “enviarían al chico al salón de detención durante todo el día y tendría inasistencia en las clases”.
Ante el acto de protesta, las autoridades han informado que considerarán una revisión a las normas escolares.