El grupo mexicano de Drag Queens Suicidrag, a través de un recorrido
visual nos muestra el quehacer de su arte, las salidas nocturnas y su
interacción con el entorno.
El drag es un arte que ayuda disolver los estereotipos de una sociedad
binaria y los apropia como un medio de expresión subversivo.
Suicidrag es un cortometraje realizado debido a la curiosidad que provoca la transgresión que genera el drag y sus
implicaciones en una ciudad como la nuestra.
Hoy se estrenó el minidocumental La T Invisible, de la directora sudamericana Patricia Ortega, que cuenta la historia de Sharom Nadine, una travesti heterosexual y con una pareja estable que cuenta ante las cámaras la historia de su faceta femenina.
Sin duda se trata de una pieza fílmica liberadora, que vence los demonios del mundo fuera del clóset. De esta visibilidad viene su nombre: de la comunidad TTT (Travesti, Transgénero y Transexual), es de los travestis de los que menos se habla. Se dice mucho de las personas transgénero (que viven su vida cotiana como el género opuesto al que les fue asignado al nacer) y transexuales (que somenten su cuerpo a cirugías o modificaciones corporales definitivas para buscar una apariencia acorde al sexo contrario al que nacieron), sin embargo muy poco o nada se habla de la comunidad travesti, es invisible.
En menos de 15 minutos, Ortega hace visible a Shar, una mujer travesti que, sin prejuicios, relata su vida sobre tacones altos. Aquí puedes verlo:
El presente post
está encaminado a mujeres cuyas parejas les han confesado su
feminofilia, o travestismo heterosexual, pero que todavía no acaban de
comprender el porqué de la predilección de sus novios o esposos por
utilizar prendas del género femenino. De antemano pueden saber que esta
guía no es objetiva, pues está basada en mi experiencia personal y cada
caso tiene algunas diferencias. Sin embargo, la idea general es la
misma. Espero les sea de ayuda.
Mi pareja me dijo que le gusta vestirse de mujer pero no es homosexual. ¿Eso es posible?
Totalmente. Podría apostar toda mi ropa de mujer a que, cuando tu
pareja te confesó su secreto, lo primero que pasó por tu mente es que
era gay. Déjame tranquilizarte y decirte que si tu pareja está contigo,
las probabilidades apuntan a que no es homosexual. El hecho de que le
guste vestirse de mujer no está relacionado de ninguna manera con el
gusto por uno u otro género. Velo de esta manera: a la gran mayoría de
hombres homosexuales no les gusta vestirse como mujeres. Obviamente
existen excepciones, pero es como afirmar que a todas las mujeres les
gusta andar en patineta. Es evidente que encontraremos casos
particulares en los cuales se cumpla la afirmación, pero en general
resulta ser falsa.
Si mi pareja disfruta vestirse de mujer, ¿significa que quiere cambiar de sexo?
No necesariamente. Si tu pareja quisiera reasignarse el sexo entonces
no sería un feminófilo, sino un transexual. Nosotras disfrutamos de
vestirnos y sentirnos como mujeres durante algunos períodos de tiempo;
pueden ser algunos minutos, un par de horas o un fin de semana, pero
estamos contentos con nuestra condición general de hombres y no deseamos
ser mujeres todo el tiempo.
¿Por qué le gusta vestirse de mujer?
Esta es la pregunta del millón. No existe una única razón por la que
nos guste vestirnos con atuendos femeninos. Los motivos más comunes que
suelen citarse son la ausencia de una figura masculina en el hogar,
admiración profunda por las mujeres, experiencias traumáticas
relacionadas con abusos sexuales en la infancia, predilección de los
padres por los hijos de sexo femenino y un largo etcétera. Creo que en
casi todos los casos, las razones están muy alejadas de éstas. La verdad
es que muchas veces ni nosotras lo sabemos. Simplemente es algo que nos
gusta, como el agua de limón o dormir con una almohada en lugar de dos.
¿Los feminófilos nacen o se hacen?
De nuevo, depende de cada caso. Puede ser que tu pareja se haya dado
cuenta de su preferencia por la ropa de mujer en la adolescencia o que
haya sido desde muy temprana edad. Personalmente, creo que nacemos con
ese gusto, pero unos tardan más que otros en descubrirlo.
¿Es lo mismo un feminófilo que un travesti?
Esencialmente sí. Sin embargo, el término feminofilia se adoptó debido a
que, socialmente, la palabra travestismo tiene connotaciones más
relacionadas con sexo o prostitución. Digamos que un travesti genera la
idea de una persona que se viste de mujer con prendas vulgares y con
fines sexuales. Un feminófilo es una persona que disfruta sentirse mujer
en la intimidad sin exhibirse ante los demás.
Si no quieren ser mujeres, ¿por qué la gran mayoría usa nombres y adjetivos femeninos?
No queremos ser mujeres permanentemente, pero cuando nos encontramos
usando el atuendo femenino sí que queremos ser tratadas como tales. Es
parte de la experiencia. Creamos un personaje, un álter ego, y nos
metemos en él. Cuando un actor interpreta un rol, se le llama por el
nombre de su personaje; lo mismo ocurre con nosotras. Mientras estamos
vestidas somos mujeres, y por eso tenemos nuestro nombre de mujer.
¿Es posible llevar una relación estable con un hombre feminófilo?
Por supuesto que sí, pero ello depende totalmente de la plena
comprensión y aceptación por parte de la pareja del feminófilo. Cabe
aclarar que mientras no estamos vestidas o “en personaje” somos hombres
100% varoniles. No somos amanerados ni tenemos actitudes que nos
“delaten”. Si tu pareja es feminófilo, eso no significa que a partir de
que te confesó o descubriste su secreto estarás con una mujer todo el
tiempo. El hombre del que te enamoraste está y seguirá estando a tu
lado, pero ahora tienes también una amiga ocasional.
Una de las grandes ventajas de tener una
pareja con gusto por utilizar ropa y accesorios femeninos y emular las
actitudes propias de una mujer, es que, generalmente, ese hombre será
muy diferente a los demás. Tendrás a alguien que sabrá escucharte y
comprenderte, además de que te entenderá a la perfección. Amará
acompañarte a comprar ropa y no le molestará ir a cuanta tienda sea
necesaria para elegir el atuendo perfecto. Tendrás a un hombre que podrá
aconsejarte cuando tú misma vas de compras y que no se molestará cuando
decidas gastar un poco más de la cuenta en esa blusa que te fascinó.
Ser feminófilo, lejos de ser un defecto,
puede convertirse en una gran ventaja, pues al mostrarle a tu pareja
comprensión y respeto, su amor por ti crecerá de manera inimaginable, y
puedes estar segura que contarás toda la vida con su agradecimiento y
fidelidad. Aprende a ver el lado bueno de las cosas, pues todo en la
vida lo tiene.
Kim Shantal decide sacar del clóset todos los secretos de las reinas del
disfraz y el maquillaje. No te puedes perder esta genial entrevista a
una Drag Queen, donde revelarán todo lo que siempre quisiste saber, pero
¡Jamás te atreviste a preguntarles!
En el programa de variedades de la televisión mexicana Hoy se exponen casos de travestismo o crossdressing.
"Margarita" envía una carta en la que confiesa que ha descubierto que
su pareja usa su ropa interior, ella teme que su marido tenga otra
preferencia sexual ¿Qué opinas de esta situación? Ve aquí lo mejor del
programa
La terapeuta especialista emociones Astrid Perellón publicó este video dirigido a mujeres que tienen una pareja que se traviste. Aquí podrás encontrar algunas recomendaciones sobre cómo lidiar con esta confesión en sus primeros momentos. Video muy recomendable.
Diana Caballero es una persona travesti heterosexual de 65 años. Desde hace un tiempo decidió hacerse visible para intercambiar experiencias con personas que comparten su identidad. Diana Caballero decidió hablar públicamente de su identidad travesti cuando se dio cuenta que no era una enfermedad ni un delito.
Diana Caballero es también Jorge Lalinde. Vive en Medellín. Tiene 65 años y 35 de ellos los ha vivido abiertamente como una persona travesti. Su forma de vivir y expresar sus géneros le ha permitido comprender otras dimensiones de la individualidad, el desarrollo de su personalidad y la complejidad de las relaciones familiares, sentimentales y de amistad.
¿Cuáles cree que son los aspectos fundamentales que definen a una persona travesti?
Travesti es la persona que utiliza la ropa del sexo opuesto. El travestismo es muy amplio y hay una parte donde se confunde con el transegenerismo. Los travestis heterosexuales, que es la fracción a la cual yo pertenezco, es totalmente invisible. Los psicólogos no los tienen en cuenta para nada. Cuando uno pide una asesoría, salen aventurando ideas pero no se acercan a la realidad de quienes somos.
En alguna parte de su página de Facebook habla de que es un travesti heterosexual, pero en otro lado dice que es lesbiana ¿cómo explica esto?
Cuando uno se hace la evaluación psicológica, lo primero que le dicen es que uno es más mujer que hombre. Por lo menos en el caso mío. Esta evaluación se dio después de cuatro o cinco citas y un par de tests. Y el resultado dijo también que, como yo era más mujer que hombre, y me gustaban las mujeres, entonces era lesbiana. Esa es la condición general. Como mujeres somos lesbianas, porque nos gustan las mujeres. Como hombres somos heterosexuales, porque igualmente nos gustan las mujeres.
¿En qué momento decidió asumir su identidad como travesti y por qué tomó estas evaluaciones psicológicas?
Desde que tengo memoria supe que era travesti y sentía que era malo. Desde pequeño uno oye comentarios que no son buenos y lo único que conoce es lo que se ve en la calle. Por otra parte, siendo niño, mi papá me descubrió usando un vestido de mi mamá. Eso fue terrible y me amenazó con echarme de la casa.
Uno crece lleno de confusiones. Y sólo hasta los 30 años vine a tener mi primera entrevista psicológica y para esa época no se sabía qué era lo que pasaba; simplemente que era una condición psicológica. Me decían: “Usted no es una persona normal y tiene dos opciones: o vive con eso o va donde los terapistas heterodoxos y allá ‘lo curan'”. Y, por supuesto, esto no tiene cura porque no es una enfermedad.
Yo decidí salir del clóset inmediatamente supe que esto no era una enfermedad mental, que era una persona normal, como si fuera zurdo, que no estaba haciendo ningún mal y que además estaba protegido por la Constitución, por medio del libre desarrollo de la personalidad. Me parecía incorrecto andar con ese secreto que toda la vida cargué y que tanto daño me hizo. Entonces tomé la decisión y pensé: “Sí: soy travesti. Los que me quieren como travesti, muy bien. Los que no, adiós”.
Además, sufrí tanto por mi condición, que haber salido del clóset me sirve ahora para la causa que estoy emprendiendo, que es retomar las banderas de Virginia Charles Prince, una de las travestis heterosexuales más famosas y quien más hizo por este sector. Parece increíble que para la psicología hispana no existimos y nos dicen que somos homosexuales secundarios, o fetichistas… y que los hay los hay, como hay policías mafiosos o curas pedófilos, pero están lejos de la verdad.
¿Cómo ha sido este proceso para enseñarles a las personas que ser travesti no necesariamente tiene que estar asociado con la prostitución?
Esa es una parte muy difícil. La parte de la educación. Generalmente lo que más se ve en el travestismo es la prostitución y especialmente en estratos bajos. Las personas de estratos altos no tienen problema en esconderlo. La cuestión ahí es la información. Poderle decir a la gente que existen diferentes orientaciones sexuales e identidades de género en el mundo.
Yo comencé el travestismo “socialmente” cuando vivía en Estados Unidos, donde tuve mi primera entrevista psicológica. Allá comencé a conectarme con personas y a tener un círculo de amistades. Nos travestíamos y nos reuníamos con fines sociales, a jugar cartas, a tomar el té. Los travestis heterosexuales como yo no nos travestimos con la intención de llamar la atención hacia el sexo opuesto o hacia nuestro propio sexo. Es un homenaje a la mujer. Admiramos mucho a la mujer y esto nos hace querer emularla en todos los aspectos. La parte más difícil y que ni siquiera intentamos imitar es la voz, porque nuestra garganta no está diseñada para eso.
Diana Caballero se reúne con amigas travestis para disfrutar de la expresión de su identidad de género.
Cuando una persona travesti vive su identidad como mujer travesti y como hombre, según su sexo biológico, ¿esto genera más rechazo entre las personas?
Todo lo diferente genera rechazo. Esa es la causa de la homofobia y de la endofobia, pues, aunque parezca increíble, dentro de los mismos travestis, aquellos que son homosexuales nos detestan a los heterosexuales. Incluso en algunas discotecas donde es permitida la entrada de travestis, a nosotras no nos dejan entrar.
¿Y por qué pasa eso?
No hay explicación lógica. Porque hay envidias. De hecho, yo hace un tiempo fui víctima de robo de una travesti muy famosa de Medellín. Ella fue reina travesti de Antioquia y con el novio montaron una casa de transformismo y yo fui su primera víctima. Les pagué la mensualidad y dejé con ellos mis cosas y al cabo de quince días las necesité y cuando fui por ellas estaba todo destrozado. No sé por qué pasó. Yo no les hice ningún daño. Creo que todo es cuestión de envidias.
Entre las personas que conoce, con quienes se encuentra, ¿qué tan avanzada está la aceptación por parte de sus parejas?
Es difícil. Diría que mitad y mitad. Las personas mayores, cercanas a mi edad, han logrado tener aceptación y complicidad por parte de su pareja. Pero tengo el caso de una amiga que tiene 50 años, la esposa 40 y están recién casados. Ambos vienen de matrimonios anteriores. Recientemente le contó a su esposa la situación. Ella en principio lo aceptó, aunque todavía no lo digiere.
Con otras amigas con quienes me escribo están en fases similares. Algunas esposas los aceptan de entrada, especialmente cuando han leído el libro de Virginia Charles Prince. Las esposas encuentran ahí testimonios de otras personas que han pasado por la misma situación y ahí es cuando entienden que esto no le hace daño a nadie, que no tienen que competir con sus parejas y por lo tanto encuentran una amiga y lo aceptan. Otras personas que tienen una educación más religiosa les cuesta mucho trabajo.
En su página de Facebook escribió que “el mayor logro del travesti heterosexual es lograr salir en público sin ser detectado, o por lo menos sin causar señalamiento”. ¿Las personas travestis asumen su identidad todo el día o lo hacen solo en algunos momentos?
Ese es otro punto de diferenciación. Nosotras travestis heterosexuales normalmente nos travestimos por un rato, y ese rato dura lo que demora en salir la barba por entre el maquillaje. Generalmente tarda entre 4 y 8 horas y después de este tiempo hay que repetir todo el proceso.
El travesti homosexual generalmente hace algunos procedimientos para quitarse el vello facial de manera definitiva. El heterosexual no tiene ningún interés en “modificar” su cuerpo. Nosotros estamos felices en nuestro cuerpo, no lo modificamos. Máximo llegamos a una depilación de brazos y piernas. Pero no de transformarlo. Nosotras entonces nos travestimos no como una segunda personalidad sino como la expresión de nuestra verdadera personalidad, que es más femenina que masculina.
Dentro de las personas que conoce, ¿hay alguien que haya pasado de ser travesti a querer hacer el tránsito definitivo hacia el otro género?
En algunas personas sí ha pasado eso. Muchas veces por falta de educación y por falta de formación se presenta una confusión muy grande entre todo lo que le está pasando a uno: yo, por ejemplo, me debatía, hasta casi los 30 años, entre la homosexualidad y la heterosexualidad.
Tengo una amiga que dice que quiere empezar a tomar hormonas para empezar un tránsito hacia el género femenino. Sin embargo, cuando hablamos con ella, vemos que ella se siente a gusto con su cuerpo de hombre y le gusta ser hombre. Este tipo de confusiones son muy comunes. Nosotras somos personas que estamos muy solas. Difícilmente tenemos el apoyo de nuestras parejas y familiares. Y cuando lo tenemos, no significa necesariamente que vamos a entender lo que nos pasa o a aceptarlo.
¿El travestismo heterosexual es más común de lo que se cree?
Sí, definitivamente. Los estudios que hay sobre esto se difunden poco, hasta desaparecen. El hombre heterosexual tiene miedo de decir que es travesti, porque siente que lo van a etiquetar como “marica” y esto dificulta mucho que una persona con una relación estable pueda ser honesto sobre querer expresar ese sentimiento.
¿El travestismo heterosexual cabría dentro de la definición de las identidades queer, que abogan más por una eliminación de las etiquetas, por un constante tránsito entre los géneros?
Desafortunadamente la teoría queer todavía es una teoría. Sí tiene adeptos -yo soy uno de ellos-. Sería muy bueno que no existieran las etiquetas. Simplemente somos seres humanos más allá de las etiquetas.
Entonces, si es una adepta de la teoría queer, ¿por qué insiste en definirse como travesti heterosexual?
En este momento lo que rige es la clasificación de las personas. Por eso creo que la teoría queer todavía está en el plano de la teoría. Los seres humanos siempre estamos etiquetando como si viviéramos dentro de frascos.
Diana considera que encontrar apoyo en la pareja y en la familia es importante, pues fortalece la sinceridad y la complicidad.
¿Actualmente cuenta con el apoyo de su familia y círculo de amigos?
Para mí fue un descanso haber podido decirle al mundo que yo lucho por esto y encontrar que, a pesar de las advertencias de que si lo aceptaba públicamente me iba a quedar solo, mi vida siguió. No me pasó nada malo. Algunas personas sí me miran de reojo, pero no he sentido tanta soledad. De hecho, algunas de las personas a mi alrededor tienen curiosidad de ver qué pasa “al otro lado” de su espejo.
¿Y su familia?
Mi familia es pequeña. Son mi hermano y mi hijo. Mi hermano lo sabe hace mucho tiempo. Para mi hijo sí fue una novedad reciente, pero lo tomó como: “bueno, el viejo es así, qué le vamos a hacer”. Los amigos siguen siendo amigos. No hubo muchos cambios con ellos. Sí me da algo de tristeza que no se atreven a tocar el tema. Les da miedo, como si se fueran a impregnar.
¿En este momento tiene una pareja?
No tengo pareja. Tuve tres matrimonios y otras tres relaciones duraderas a lo largo de mi vida. Y esto fue algo que me confundió también durante mucho tiempo. No fui capaz de contárselo a mi primera esposa, aunque esa no fue la causa del rompimiento, pero fue un infierno mantener el secreto, buscar la oportunidad de travestirme.
En las siguientes relaciones siempre lo dije oportunamente: “Mira ‘fulanita’, veo que nos gustamos y realmente siento que te quiero, y tengo que contarte algo para que decidas si seguimos adelante o es el momento de terminar sin hacernos daño”. Después de las explicaciones y aclarar repetidamente la pregunta incesante “¿seguro, seguro que no eres gay?” Siempre me dijeron: “pues no veo que me haga daño, podemos intentarlo”. Nuevamente los rompimientos fueron por causas distintas, pero era otra historia, incluso me aseguraban que era mejor hacer el amor con Diana que con Jorge.
Bea (sentada) y Barbie (de pie) en el estudio de transformismo y 'crossdressing' Dafni Girls J. BARBANCHO
Los transformistas, en su mayoría heterosexuales, que se transforman ocasionalmente en mujeres
Empresarios, abogados, militares, informáticos o agentes de banca acuden al estudio de crossdressing Dafni Girls para sentirse, por unas horas, como una mujer. Es el caso de Álex, que nos recibe ya transformada en Bea: una belleza rubia enfundada en un vestido negro sobre unos tacones de infarto.
"Tanto yo como la mayoría de las crossdressers tenemos una parte femenina y ésta es la forma con la que conseguimos exteriorizarla y vivirla completamente", cuenta Bea a EL MUNDO desde este luminoso y acogedor apartamento de Chueca. Mientras habla, Dafni Coco, estilista y coach de feminidad artífice del cambio, ayuda a prepararse a Raúl, quien no tiene problema en mostrarse primero como hombre para después presentarse como Barbie, una exuberante pelirroja ataviada de blanco inmaculado. "Ir vestido de mujer a mí no me da vergüenza y si me gusta, mientras no haga daño a nadie, pues por qué no. Es una cosa muy bonita aparte de que es muy divertido", afirma mientras confiesa divertida: "Es que además soy mona: la gente me silba por la calle".
Bea prefiere mostrar esta parte de sí misma únicamente a sus amigas crossdressers. "No creo que merezca la pena lo que voy a ganar con lo que voy a perder o sacrificar. Una mayoría de personas de mi entorno no lo entenderían y les haría daño". Y reconoce: "Entiendo perfectamente que la sociedad tenga prejuicios o ideas preconcebidas porque yo mismo los tenía hasta hace poco. Solo me gustaría que la gente esté abierta a escuchar nuestra historia y luego que piensen lo que les dé la gana".
Según explica, "el crossdressing no tiene nada que ver con la opción sexual", de hecho la mayoría son hombres heterosexuales. "Digamos que hay tres personas que podrían confundirse. Están los transexuales: personas que han nacido con un sexo biológico que no se identifica con su identidad de género. Los transformistas: personas que se visten de mujer única y exclusivamente con motivaciones artísticas. Y luego estamos las crossdressers, que no tenemos disforia de género, estamos contentas con el género con el que hemos nacido, pero una parte de nosotras corresponde al otro género, el femenino, y exteriorizamos y vivimos esa parte a través de nuestras transformaciones, que hacemos de manera temporal".
Bea recuerda emocionada su primera vez. "Del momento del espejo me acordaré toda mi vida. La mezcla del maquillaje, el estilismo, la peluca, se correspondía exactamente con lo que siempre había soñado, no buscado porque nunca pensé que pudiera encontrarlo. Eso me dio alas para aprovechar ahora a tope" y desde entonces sale a la calle, va de compras, a cenar o a bailar con Barbie y las demás chicas. "Me di cuenta de que todos los miedos que tenía, que me iban a reconocer, que me iban a agredir, eran infundados", asegura.
Barbie, por su parte, cuenta sobre sus inicios en el crossdressing: "Yo al principio decía yo no soy tal o cual, siempre con etiquetas. A mí eso ya me importa cinco pimientos. Yo soy yo, soy Barbara Ann, vengo aquí, me lo paso lo mejor que puedo y disfruto mucho". Aunque aclara: "No podría hacerlo en mi casa porque tengo hijos pequeños. Tampoco les quiero transmitir que esto es malo, pero se lo diré cuando sean mayores".
Dafni descubrió este mundo en 2011 cuando un hombre contactó con ella para que le enseñara todos sus trucos. "Yo era maquilladora y estilista en aquel entonces y me interesó muchísimo poder crear una imagen opuesta a la que tenían. Aparte, es algo muy creativo y me llenó muchísimo la finalidad de estas personas: hacerlo simplemente por expresarse, por liberarse, por placer, rompiendo todos los estereotipos y creencias que tenemos marcados y exteriorizando esta parte femenina".
En 2015 dejó su Barcelona natal para crear Dafni Girls en Madrid, donde atiende a hombres de toda España. Las sesiones incluyen acceso completo al vestidor, zapatos, ropa interior, complementos o pelucas, es decir, "una imagen adaptada y el entrenamiento en modales, gestos o cómo andar con tacones de forma que puedan sentirse lo suficientemente seguras como para atreverse a vivir esta parte de su vida".
Entre los años 30 y 70 del siglo pasado ser homosexual era un delito en México y muchos fueron encarcelados, perseguidos y golpeados. Hace cuarenta años, también por política, se perseguía a los gais en Estados Unidos. En España, durante la dictadura franquista, ser homosexual implicaba mantenerse escondido bajo un matrimonio “tradicional”, el exilio o correr el riesgo de morir siendo fiel a uno mismo. Tal fue el caso de Federico García Lorca, quien fue detenido y fusilado por la Guardia Civil, acusado de ser espía de los rusos, estar en contacto con ellos, haber sido secretario de Fernando de los Ríos y ser homosexual.
Hoy la situación es distinta, muchas veces mejor, por suerte. En la mayor parte de México, España y el mundo ya no no son perseguidos los homosexuales (al menos no por el gobierno), el matrimonio entre personas del mismo sexo es posible y es legal la adopción. En primera instancia, esto podría significar un cambio sustentable en el reconocimiento de derechos de la comunidad LGBTTTIQ+, pero la lucha no está ganada y siguen sobrando los motivos para salir a la calle a manifestarse por el respeto de los derechos de todos. Si les queda alguna duda de esto, pueden leer lo que significa ser gay en Rusia y Medio Oriente o, sin ir tan lejos, recordar al estudiante que fue asesinado por su compañero por ser gay, o las nefastas afirmaciones del Bronco con respecto al matrimonio igualitario.
Hoy, 24 de junio, se llevó a cabo la marcha número 39 del Orgullo LGBTTTIQA+ en la Ciudad de México, y los miles de asistentes realizaron un recorrido que, como año con año, comenzó en el Ángel de la Independencia y culminó en el Zócalo. “¡Esta marcha sí es de fiesta y es de lucha y de protesta!“se lee y se escucha en las calles.
Y porque “Exhibirse es un acto de rebeldía. El cuerpo natural es protesta.” (Oswaldo Calderón) acá les compartimos algunos retratos de la comunidad, la cual a pesar de sus iniciales (LGBTTTIA), es imposible colocar en una sola categoría. Estas son solo algunas imágenes de la enorme diversidad que sale a las calles a exigir a manera de festejo, gritando, bailando por el respeto a sus derechos, por el respeto de todos.
Empleados franceses trabajan con falda porque les prohíben hacerlo en pantalón corto
@CfdtSemitan
Trabajadores de CFDT Sémitan con faldas en protesta por no poder llevar pantalón corto.
EL PERIÓDICO / BARCELONA
Jueves, 22 de junio del 2017 - 13:55 CEST
Un grupo de hombres esperan, como cada mañana, en una estación francesa para coger el tranvía. La escena no tendría nada de especial si en vez de en la localidad francesa de Nantes ocurriera en un pueblo de Escocia, porque los varones van ataviados con faldas. Son un grupo de trabajadores de la empresa de transportes Semitan que protestan mediante este método porque la compañía no les permite trabajar vestidos con pantalón corto o bermudas.
"La falda forma parte de la vestimenta reglamentaria de nuestras colegas mujeres y nosotros no queremos ser diferentes", explica Gabriel Magner, representante de los trabajadores de esta empresa de autobuses y tranvías, en declaraciones al diario 'Le Parisien'. La ola de calor tampoco da cuartel en esta localidad del noroeste de Francia. Y menos dentro de los autobuses y tranvías, donde los conductores denuncian que las temperaturas pueden llegar a alcanzar 50 grados.
La reivindicación de estos trabajadores comienza en el 2013, cuando ya pidieron formalmente a la empresa poder llevar pantalón corto o bermudas a partir de ciertas temperaturas. "Pero Semitan parece querer conservar una imagen de marca", explica Magner. De momento, la dirección aún no ha respondido a sus reivindicaciones, aunque los trabajadores, que siguen con la protesta, lo llevan con humor.
Los alumnos de la Academia ISCA en Inglaterra consideran que es injusto que las profesoras sí puedan acudir a la escuela usando prendas cómodas para el clima y ellos lo tengan prohibido.
Redacción AN
Junio 22, 2017 12:11 pm
Alumnos de la Academia ISCA en Exeter, Inglaterra, decidieron llegar al colegio vistiendo faldas, luego de que la institución les prohibiera usar pantalones cortos, ante el incremento en la temperatura que se registró esta semana.Cerca de 50 chicos ya habían expresado su malestar a las autoridades escolares, al ser obligados a usar gruesos pantalones, ignorando las molestias que eso les causaba; incluso algunos padres de familia se habían comunicado a la escuela para solicitar permiso para llevar short como parte del uniforme.
Sin embargo, la Academia ISCA se rehusó a permitir que los chicos fueran más cómodos a clases, contrario a las niñas que cuentan con faldas como parte del uniforme reglamentario.
En entrevista para The Independent, un papá de uno de los chicos que fueron en falda hoy al colegio, dijo que “un profesor les dijo que podían usar falda si querían pero short no”.
Pese a que fue en tono sarcástico, los chicos decidieron hacer caso al comentario.
Los alumnos varones de la Academia ISCA consideran que es injusto que las profesoras sí puedan acudir a la escuela usando prendas ligeras y cómodas para el clima, incluso algunas van en sandalias, mientras que ellos sufren con el clima.
Otra mamá dijo que al comunicarse a la escuela para pedir permiso que su hijo fuera en pantalón corto, los directivos le dijeron que de llegar así “enviarían al chico al salón de detención durante todo el día y tendría inasistencia en las clases”.
Ante el acto de protesta, las autoridades han informado que considerarán una revisión a las normas escolares.